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Evaluación online · Daño cerebral

Secuelas cognitivas tras un ictus o ACV

Después de un ictus —también llamado accidente cerebrovascular, ACV o infarto cerebral— no solo pueden quedar secuelas en el movimiento o el habla. Muchas personas notan cambios en la memoria, la atención o la forma de pensar. La evaluación neuropsicológica mide esas secuelas cognitivas y es la base para rehabilitarlas.

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  • Precio cerradoUSD 210 · 185 €

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¿Para quién es la evaluación?

Sin compromiso. Sus datos solo se usan para responderle.

Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:

Qué secuelas cognitivas puede dejar un ictus

Un ictus interrumpe el riego de una zona del cerebro, ya sea por una obstrucción (isquémico) o por una hemorragia. Las secuelas dependen sobre todo de la zona y la extensión de la lesión, y pueden incluir:

  • Atención y velocidad de procesamiento: pensar más despacio, perder el hilo, dificultad para atender dos tareas a la vez.
  • Memoria: dificultad para retener información nueva, olvidar citas o conversaciones recientes.
  • Lenguaje: dificultad para encontrar las palabras, comprender o expresarse, lo que se conoce como afasia. Es más frecuente cuando la lesión afecta al hemisferio izquierdo.
  • Heminegligencia: dejar de atender a un lado del espacio —normalmente el izquierdo, tras lesiones del hemisferio derecho—, por ejemplo comer solo la mitad del plato o chocar con objetos de ese lado, a menudo sin darse cuenta.
  • Funciones ejecutivas: planificar, organizar, resolver problemas, controlar los impulsos y adaptarse a los cambios.
  • Fatiga mental desproporcionada, uno de los síntomas más frecuentes y menos visibles.
  • Cambios emocionales y de conducta: tristeza, ansiedad, irritabilidad o apatía, que a veces nota más la familia que la propia persona.

Por qué evaluar después de la fase aguda

En los primeros días, la prioridad es médica: estabilizar al paciente y evitar un nuevo ictus. Cuando la persona vuelve a casa, aparecen las preguntas del día a día: ¿puede volver a trabajar?, ¿puede manejar su dinero, sus medicamentos, conducir?, ¿por qué se cansa tanto?, ¿por qué «ya no es el mismo»?

La evaluación neuropsicológica responde a esas preguntas con datos. Suele hacerse una vez superada la fase aguda, cuando la persona puede mantener sesiones de trabajo, y es especialmente útil en los primeros meses, que es cuando la recuperación espontánea y la rehabilitación suelen avanzar más.

Una línea de base para la rehabilitación

La evaluación mide qué funciones están afectadas, cuánto, y cuáles se conservan. Eso permite:

  • Diseñar una rehabilitación neuropsicológica dirigida a las funciones realmente alteradas, apoyándose en las que se conservan.
  • Medir la evolución repitiendo la evaluación a los meses, con la primera como referencia.
  • Orientar a la familia sobre qué esperar, cómo ayudar y qué supervisión hace falta.
  • Planificar la vuelta al trabajo o a los estudios, con adaptaciones si hacen falta.

Cómo es la evaluación por videollamada

  • Entrevista con la persona y con un familiar sobre el ictus, la evolución y los cambios percibidos.
  • Revisión de los informes médicos y de las pruebas de imagen disponibles.
  • Pruebas de atención, memoria, lenguaje, funciones ejecutivas y habilidades visoespaciales, adaptadas a las posibilidades de la persona.
  • Estado emocional y fatiga.
  • Informe escrito y sesión de devolución con la familia.

Si las secuelas motoras, visuales o del lenguaje dificultan alguna prueba por pantalla, lo valoramos en la primera conversación y le decimos con claridad qué se puede hacer en línea y qué no.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo después del ictus conviene evaluar?

Una vez superada la fase aguda, cuando la persona está estable y puede mantener sesiones de trabajo. No hay un plazo máximo: también tiene sentido meses o años después, si persisten dificultades.

¿Se pueden recuperar las funciones afectadas?

En muchos casos, sí, en parte o del todo. La recuperación varía mucho según la lesión y la persona, y suele ser mayor en los primeros meses. La rehabilitación ayuda a aprovechar ese periodo y a compensar lo que no se recupera.

¿La evaluación sirve si la persona tiene afasia?

Sí, adaptando las pruebas. Parte de la evaluación consiste precisamente en caracterizar el trastorno del lenguaje y medir las demás funciones sin que la afasia distorsione los resultados.

¿Puede participar un familiar?

Sí, y lo recomendamos. La información de la familia sobre los cambios en el día a día es parte central de la evaluación.

¿Es lo mismo un ictus que un traumatismo craneoencefálico?

No. El ictus es de origen vascular; el traumatismo lo causa un golpe o una fuerza externa. Ambos pueden dejar secuelas cognitivas parecidas. Explicamos el segundo en traumatismo craneoencefálico.

¿Damos el primer paso?

Cuéntenos qué le preocupa. Le orientamos sin compromiso y, si hace falta una evaluación, le explicamos cómo sería en su caso.

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