Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:
Qué secuelas cognitivas puede dejar un ictus
Un ictus interrumpe el riego de una zona del cerebro, ya sea por una obstrucción (isquémico) o por una hemorragia. Las secuelas dependen sobre todo de la zona y la extensión de la lesión, y pueden incluir:
- Atención y velocidad de procesamiento: pensar más despacio, perder el hilo, dificultad para atender dos tareas a la vez.
- Memoria: dificultad para retener información nueva, olvidar citas o conversaciones recientes.
- Lenguaje: dificultad para encontrar las palabras, comprender o expresarse, lo que se conoce como afasia. Es más frecuente cuando la lesión afecta al hemisferio izquierdo.
- Heminegligencia: dejar de atender a un lado del espacio —normalmente el izquierdo, tras lesiones del hemisferio derecho—, por ejemplo comer solo la mitad del plato o chocar con objetos de ese lado, a menudo sin darse cuenta.
- Funciones ejecutivas: planificar, organizar, resolver problemas, controlar los impulsos y adaptarse a los cambios.
- Fatiga mental desproporcionada, uno de los síntomas más frecuentes y menos visibles.
- Cambios emocionales y de conducta: tristeza, ansiedad, irritabilidad o apatía, que a veces nota más la familia que la propia persona.
Por qué evaluar después de la fase aguda
En los primeros días, la prioridad es médica: estabilizar al paciente y evitar un nuevo ictus. Cuando la persona vuelve a casa, aparecen las preguntas del día a día: ¿puede volver a trabajar?, ¿puede manejar su dinero, sus medicamentos, conducir?, ¿por qué se cansa tanto?, ¿por qué «ya no es el mismo»?
La evaluación neuropsicológica responde a esas preguntas con datos. Suele hacerse una vez superada la fase aguda, cuando la persona puede mantener sesiones de trabajo, y es especialmente útil en los primeros meses, que es cuando la recuperación espontánea y la rehabilitación suelen avanzar más.
Una línea de base para la rehabilitación
La evaluación mide qué funciones están afectadas, cuánto, y cuáles se conservan. Eso permite:
- Diseñar una rehabilitación neuropsicológica dirigida a las funciones realmente alteradas, apoyándose en las que se conservan.
- Medir la evolución repitiendo la evaluación a los meses, con la primera como referencia.
- Orientar a la familia sobre qué esperar, cómo ayudar y qué supervisión hace falta.
- Planificar la vuelta al trabajo o a los estudios, con adaptaciones si hacen falta.
Cómo es la evaluación por videollamada
- Entrevista con la persona y con un familiar sobre el ictus, la evolución y los cambios percibidos.
- Revisión de los informes médicos y de las pruebas de imagen disponibles.
- Pruebas de atención, memoria, lenguaje, funciones ejecutivas y habilidades visoespaciales, adaptadas a las posibilidades de la persona.
- Estado emocional y fatiga.
- Informe escrito y sesión de devolución con la familia.
Si las secuelas motoras, visuales o del lenguaje dificultan alguna prueba por pantalla, lo valoramos en la primera conversación y le decimos con claridad qué se puede hacer en línea y qué no.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo después del ictus conviene evaluar?
Una vez superada la fase aguda, cuando la persona está estable y puede mantener sesiones de trabajo. No hay un plazo máximo: también tiene sentido meses o años después, si persisten dificultades.
¿Se pueden recuperar las funciones afectadas?
En muchos casos, sí, en parte o del todo. La recuperación varía mucho según la lesión y la persona, y suele ser mayor en los primeros meses. La rehabilitación ayuda a aprovechar ese periodo y a compensar lo que no se recupera.
¿La evaluación sirve si la persona tiene afasia?
Sí, adaptando las pruebas. Parte de la evaluación consiste precisamente en caracterizar el trastorno del lenguaje y medir las demás funciones sin que la afasia distorsione los resultados.
¿Puede participar un familiar?
Sí, y lo recomendamos. La información de la familia sobre los cambios en el día a día es parte central de la evaluación.
¿Es lo mismo un ictus que un traumatismo craneoencefálico?
No. El ictus es de origen vascular; el traumatismo lo causa un golpe o una fuerza externa. Ambos pueden dejar secuelas cognitivas parecidas. Explicamos el segundo en traumatismo craneoencefálico.