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Evaluación online · TDAH en adultos

Evaluación del TDAH en adultos

Si lleva toda la vida sintiendo que le cuesta el doble organizarse, terminar lo que empieza o concentrarse en lo que no le interesa, y ha llegado hasta aquí a base de esfuerzo, esta evaluación es para responder con datos si detrás hay un TDAH o algo distinto.

  • Por videollamadadesde cualquier país
  • Informe en 7 díasescrito y explicado en sesión
  • Precio cerradoUSD 210 · 185 €

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¿Para quién es la evaluación?

Sin compromiso. Sus datos solo se usan para responderle.

Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:

Por qué tantos adultos llegan sin diagnóstico

El TDAH empieza en la infancia, pero una gran parte de las personas que lo tienen no reciben el diagnóstico hasta la edad adulta. No es que aparezca de repente: es que durante años quedó oculto por alguno de estos motivos.

  • La presentación inatenta no molesta. El niño que se distrae en silencio y sueña despierto no genera quejas en clase. Es la forma más frecuente entre las mujeres, y la razón principal de que ellas lleguen más tarde.
  • Una buena capacidad compensa durante un tiempo. Quien tiene facilidad saca adelante el colegio con poco esfuerzo, y la dificultad solo se hace visible cuando la exigencia sube: la universidad, el primer trabajo con responsabilidad, la crianza.
  • La estructura externa sostiene. Un horario escolar, unos padres que organizan, una pareja que recuerda los pendientes. Cuando esa estructura desaparece, lo que parecía un rasgo del carácter se revela como una dificultad.
  • Se atribuyó a otra causa. Pereza, desmotivación, ansiedad, «es así». Muchos adultos con TDAH han recibido antes otros diagnósticos, a veces correctos y a veces no.

Con frecuencia, el motivo de consulta es el diagnóstico de un hijo: al conocer el TDAH de cerca, el padre o la madre se reconoce en la descripción.

Cómo se presenta en la edad adulta

La hiperactividad visible de la infancia suele transformarse. En el adulto el TDAH se reconoce más por lo que cuesta organizar que por lo que se mueve:

  • Dificultad para empezar tareas que no resultan interesantes, aunque sean importantes, y una tendencia a dejarlo todo para el último momento.
  • Desorganización: citas olvidadas, plazos que se escapan, papeles que se pierden, la sensación de ir siempre a remolque.
  • Una atención irregular: dispersa con lo que aburre e intensamente absorta con lo que interesa, hasta perder la noción del tiempo.
  • Inquietud interna más que movimiento: dificultad para estar sin hacer nada, necesidad de estímulo constante.
  • Impulsividad en decisiones, en compras, en lo que se dice o en la conducción.
  • Una regulación emocional más difícil: frustración rápida, cambios de humor ligados a lo que ocurre, una sensibilidad marcada a la crítica.

Nada de esto es exclusivo del TDAH. Todos lo vivimos a veces. Lo que lo distingue es que ocurre desde siempre, en varios ámbitos a la vez, y con un coste real en el trabajo, los estudios o las relaciones.

Lo que hay que descartar

Evaluar un TDAH en un adulto exige separarlo de todo lo que produce síntomas parecidos. Es la parte más importante de la evaluación, y la que un cuestionario no puede hacer:

  • Ansiedad y depresión, que alteran la concentración y la memoria, y que a su vez aparecen con frecuencia junto al TDAH no tratado.
  • Problemas de sueño, desde el insomnio a la apnea, que pueden reproducir casi todos los síntomas.
  • Consumo de sustancias, incluido el exceso de cafeína o el cannabis habitual.
  • Estrés crónico o agotamiento, que deteriora las funciones ejecutivas de forma reversible.
  • Condiciones médicas como alteraciones de tiroides.
  • Autismo, que comparte con el TDAH algunos rasgos y con frecuencia coexiste con él.

La pregunta clave es si las dificultades estaban presentes antes de los 12 años. Si solo aparecieron en la edad adulta, lo más probable es que la explicación sea otra.

Qué incluye la evaluación

  • Entrevista clínica detallada sobre la historia desde la infancia: el colegio, los estudios, el trabajo, las relaciones, lo que ha funcionado y lo que no. Si es posible, aportar notas escolares antiguas o informes previos ayuda mucho.
  • Información de alguien cercano —la pareja, un padre, un hermano— mediante escalas breves. El TDAH se ve a menudo mejor desde fuera.
  • Pruebas de atención sostenida e inhibición, que miden el rendimiento real, no la percepción que se tiene de él.
  • Pruebas de funciones ejecutivas: memoria de trabajo, planificación, flexibilidad, velocidad de procesamiento.
  • Perfil cognitivo general, para interpretar lo anterior. En adultos con capacidad alta, el TDAH puede quedar enmascarado por puntuaciones «normales» que en realidad están muy por debajo de su propio potencial.
  • Evaluación del estado emocional y del sueño, para el descarte.
  • Informe escrito y una sesión de devolución en la que se explican los resultados y los pasos siguientes.

Para qué sirve tener el diagnóstico

Muchos adultos dudan: si han llegado hasta aquí, ¿para qué ponerle nombre? La experiencia clínica y la investigación coinciden en que el diagnóstico cambia aspectos concretos de la vida diaria.

  • Una explicación. Entender que las dificultades tienen una causa neurológica, y no son un defecto moral, alivia una culpa que muchos arrastran desde niños.
  • Acceso a tratamiento. Con el informe, el psiquiatra puede valorar si está indicada la medicación, que en adultos con TDAH tiene una de las eficacias mejor documentadas en salud mental.
  • Estrategias a medida. Saber qué funciones están afectadas —y cuáles no— permite organizar el trabajo y la vida en torno a las fortalezas.
  • Adaptaciones en la universidad y, según el país, en el trabajo o en exámenes oficiales.

Cómo es el proceso por videollamada

La evaluación del adulto se hace íntegramente online, en dos o tres sesiones y en el horario que le convenga según su zona. Solo necesita un ordenador con cámara y un lugar donde no le interrumpan.

  1. Una primera conversación breve para confirmar que la evaluación tiene sentido en su caso.
  2. La entrevista clínica, de aproximadamente una hora.
  3. Las sesiones de pruebas.
  4. El informe escrito, en un plazo de siete días.
  5. La sesión de devolución.

Si en el camino aparece algo que conviene mirar antes —un problema de sueño, un estado de ánimo que necesita atención—, se lo decimos para no evaluar sobre una base que distorsione los resultados.

Preguntas frecuentes

¿Se puede tener TDAH y haberlo descubierto a los 30 o a los 40?

Sí, y es muy frecuente. El TDAH empieza en la infancia, pero puede pasar desapercibido durante décadas, sobre todo en la forma inatenta y en personas con buena capacidad que compensaron. La evaluación reconstruye esa historia.

¿Necesito tener informes de cuando era niño?

No es imprescindible, pero ayudan. Boletines de notas antiguos con comentarios de los profesores, o el testimonio de un padre o hermano, aportan información valiosa sobre la infancia.

¿El informe me sirve para que me receten medicación?

El informe es la base objetiva que el psiquiatra utiliza para decidir. La prescripción la hace siempre el médico, pero el informe le ahorra tiempo y le da los datos que necesita.

¿Y si tengo ansiedad o depresión además?

Es habitual: el TDAH no tratado suele acompañarse de ansiedad o de un estado de ánimo bajo. La evaluación los tiene en cuenta y le dice qué parte corresponde a cada causa, para que el tratamiento apunte al lugar correcto.

¿Cuánto cuesta?

USD 210 en América y 185 € en Europa, precio cerrado con informe y sesión de devolución. Ver el detalle.

¿Es lo mismo que hacer un test de TDAH en internet?

No. Los tests en línea preguntan lo que usted cree que le pasa; la evaluación mide cómo rinde su atención y descarta otras causas. La diferencia, explicada.

¿Damos el primer paso?

Cuéntenos qué le preocupa. Le orientamos sin compromiso y, si hace falta una evaluación, le explicamos cómo sería en su caso.

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