Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:
Por qué la adolescencia cambia el panorama
El TDAH no empieza en la adolescencia: por definición, varias de sus señales estaban presentes antes de los 12 años. Lo que cambia es la exigencia. En primaria, un profesor principal, unos padres que revisan la agenda y unas tareas cortas sostienen a muchos niños con TDAH sin que nadie lo note. En secundaria, esa estructura se retira de golpe y el estudiante tiene que planificar, recordar plazos y estudiar sin que nadie se lo pida. Son precisamente las capacidades que el TDAH afecta.
La forma de presentarse también cambia. La hiperactividad visible suele disminuir y deja paso a una inquietud interna, a la desorganización y a la dificultad para empezar lo que no le interesa. Las chicas con una presentación inatenta, que en clase no molestan, son a menudo las que llegan en esta etapa por primera vez; lo explicamos en TDAH en mujeres y niñas.
Si las dificultades empezaron de forma clara a los 14 o 15 años y antes no había ningún indicio, lo más probable es que la explicación sea otra, y la evaluación está pensada también para encontrarla.
Señales en secundaria y bachillerato
En los estudios
Trabajos que se hacen la noche antes, o que se hacen y no se entregan. Notas muy irregulares entre asignaturas, o entre un examen y el siguiente de la misma materia. Errores por descuido en preguntas que sabía responder. Horas sentado delante de los libros con muy poco avance, y la frase de siempre en los boletines: «es capaz, pero no se esfuerza».
En casa y con las pantallas
Discusiones diarias por los deberes, el orden o la hora de acostarse. Una dificultad marcada para dejar el videojuego o el teléfono. Conviene saber que poder concentrarse durante horas en un juego no descarta un TDAH: lo que es muy estimulante e inmediato capta la atención con facilidad, y lo que cuesta es sostenerla en lo que no lo es.
En la conducta y los riesgos
Decisiones impulsivas, dificultad para medir consecuencias, más accidentes. En los países donde se empieza a conducir a esta edad, la impulsividad y los despistes al volante merecen una conversación seria. También el consumo de alcohol o cannabis, que en algunos adolescentes con TDAH aparece antes o con más fuerza.
En la autoestima y el ánimo
Tras años de reproches, muchos adolescentes con TDAH han llegado a creer que son vagos o menos inteligentes que los demás. Es frecuente que aparezcan ansiedad ante los exámenes, tristeza o rechazo a todo lo escolar. A veces son estas las señales que llevan a consultar, y el TDAH aparece debajo.
El adolescente participa en su propia evaluación
Esta es la diferencia principal con la evaluación de un niño. A esta edad, el propio joven tiene mucho que decir sobre lo que le pasa, y no siempre coincide con lo que ven sus padres o sus profesores:
- Entrevista con la familia sobre el desarrollo, la primaria, el sueño, lo que se ha intentado ya y lo que preocupa ahora.
- Entrevista con el adolescente, en la que se le pregunta directamente cómo estudia, qué le cuesta, cómo duerme, cómo se siente y qué espera de la evaluación.
- Su propio cuestionario. Además de las escalas que responden los padres y los profesores, el adolescente responde uno sobre sí mismo. Los adolescentes tienden a restar importancia a sus dificultades y los padres a centrarse en los conflictos: las dos miradas juntas dan una imagen más fiel.
Que participe también cambia el resultado. Un adolescente que entiende para qué sirve la evaluación colabora mejor en las pruebas, y cuando llega el informe lo siente como algo suyo, no como una etiqueta que le pusieron. Cada vez más jóvenes se reconocen al leer sobre el TDAH y son ellos quienes piden a su familia que les evalúen.
Si el adolescente es menor de edad, la evaluación la solicitan sus padres o el adulto a su cargo, y durante las pruebas uno de ellos le acompaña.
Qué incluye la evaluación
- Entrevistas con la familia y con el adolescente.
- Escalas para los profesores, a ser posible de más de una asignatura, porque en secundaria cada docente ve una parte distinta.
- Pruebas de atención sostenida e impulsividad, que miden cuánto tiempo mantiene la concentración, cuántos errores comete por precipitarse y cómo cambia su rendimiento con el cansancio.
- Pruebas de funciones ejecutivas: memoria de trabajo, planificación, flexibilidad y control de la respuesta, las capacidades que más pesan en la organización del estudio.
- Perfil cognitivo general, para situar lo anterior en contexto y separar el TDAH de una dificultad de aprendizaje o de unas altas capacidades.
- Lectura, escritura o cálculo, cuando las notas apuntan a ello.
- Ánimo, ansiedad y sueño, con cuestionarios adaptados a su edad.
- Informe escrito y una sesión de devolución, a la que conviene que asista también el adolescente.
Lo que hay que descartar a esta edad
En la adolescencia hay varias causas frecuentes de desatención y bajo rendimiento que no son TDAH, y otras que lo acompañan:
- El sueño. En la adolescencia el reloj biológico se retrasa de forma natural, y si se suman las pantallas por la noche y un horario escolar temprano, la falta de sueño crónica produce una desatención muy parecida.
- La ansiedad y el ánimo bajo. Ocupan la atención y quitan energía. Si le interesa cómo afecta el ánimo a la concentración, lea depresión, memoria y concentración.
- El consumo de cannabis u otras sustancias, que altera la atención y la memoria.
- Una dificultad de aprendizaje no detectada, como una dislexia que el esfuerzo compensó en primaria y que ya no alcanza con textos más largos.
- Situaciones difíciles: acoso escolar, conflictos familiares, un duelo o una mudanza.
- Unas altas capacidades con desmotivación por falta de reto.
A menudo la respuesta es doble: un TDAH al que la falta de sueño o la ansiedad hacen más visible. Por eso la atención se mide junto con el resto.
Cómo se hace por videollamada
- Reserva. Los padres eligen en la agenda en línea las 4 horas de la evaluación y pagan con tarjeta. Si prefieren que el doctor conozca antes el caso, pueden empezar por una consulta de primera vez.
- Entrevista con la familia, de alrededor de una hora, y conversación con el adolescente.
- Sesiones de pruebas de 1 hora, cada una en un día distinto: la evaluación completa son 4 sesiones de 1 hora, contando la entrevista. Se programan fuera del horario escolar y en la zona horaria de la familia. Hace falta un computador u ordenador con cámara y micrófono y una habitación tranquila; si el adolescente es menor, uno de sus padres o el adulto a su cargo le acompaña.
- Escalas para los profesores, que se envían en un enlace para reenviar al colegio.
- Informe escrito en 7 días desde la última sesión de pruebas.
- Sesión de devolución con la familia y el adolescente, en la que se explican los resultados y los pasos siguientes.
El proceso completo lleva por lo general de dos a tres semanas.
Para qué sirve el informe
En el colegio, para solicitar los ajustes que prevé la normativa educativa de cada país: más tiempo en los exámenes, pruebas divididas en partes, instrucciones por escrito, un lugar en el aula con menos distracciones o ayuda para organizar la agenda. Algunas pruebas de acceso a la universidad contemplan también adaptaciones; conviene informarse con antelación de lo que pide cada una.
Ante el médico, porque el diagnóstico de TDAH lo formaliza un médico —psiquiatra infantil y del adolescente, neuropediatra o pediatra—, que es también quien decide si está indicado un tratamiento farmacológico. El informe le da la medición objetiva y el descarte de otras causas sobre los que decidir. Si tiene dudas sobre a quién acudir, lea quién diagnostica el TDAH.
Para el propio adolescente, que por fin puede entender por qué le cuesta lo que le cuesta y qué se le da bien. Esa explicación suele aliviar más que cualquier adaptación. Si las ayudas se ponen en marcha, la reevaluación suele dejarse para cerca de un año después. Y el informe le seguirá siendo útil cuando llegue a la universidad o al trabajo.
Preguntas frecuentes
¿Qué pasa si mi hijo adolescente no quiere evaluarse?
Es habitual al principio. Ayuda explicarle que no se trata de ponerle una etiqueta, sino de entender por qué estudiar le cuesta tanto, y que su opinión cuenta en la evaluación. En el primer contacto podemos orientarles sobre cómo planteárselo. Una evaluación con un adolescente que colabora es mucho más fiable.
Tengo 16 años y creo que tengo TDAH, ¿qué puedo hacer?
Hable con sus padres o con el adulto a su cargo y muéstreles lo que ha leído. Si es menor de edad, la evaluación la solicitan ellos y uno de ellos le acompaña en las pruebas.
¿No es tarde para evaluar el TDAH a los 15 o 16 años?
No. Muchos TDAH se hacen visibles justo en secundaria, cuando aumenta la exigencia. Evaluar en esta etapa permite pedir ajustes en los años decisivos de los estudios y llegar a la edad adulta sabiendo cómo funciona uno.
¿Pasar horas con videojuegos es señal de TDAH?
Por sí solo, no. Muchos adolescentes sin TDAH pasan horas con videojuegos, y muchos con TDAH pueden concentrarse durante horas en ellos porque son muy estimulantes. Lo que se valora es cómo funciona su atención en lo que no le resulta atractivo, y desde cuándo.
¿En qué se diferencia de la evaluación del TDAH en niños?
Las pruebas se adaptan a la edad y el adolescente tiene un papel activo: participa en la entrevista, responde su propio cuestionario y asiste a la devolución. Se da más peso a la organización del estudio, al sueño, al ánimo y a los riesgos propios de esta etapa.
¿Cuánto cuesta la evaluación?
$670.000 COP (aprox. USD 200). Es un precio cerrado que incluye las entrevistas, todas las pruebas, el informe escrito en 7 días y la sesión de devolución. Ver el detalle.
¿Cuánto dura el proceso completo?
La evaluación completa son 4 sesiones de 1 hora, cada una en un día distinto, que usted elige en la agenda dentro de un plazo de 30 días desde la primera. El informe escrito llega 7 días después de la última sesión y se lo explicamos en una cita de entrega. Las fases, una a una.
¿Cómo es la evaluación por videollamada?
Se hace desde casa, con un computador u ordenador con cámara y micrófono, en una habitación tranquila. El evaluador aplica las pruebas en directo; los niños las hacen acompañados de uno de sus padres o del adulto a su cargo, y las personas mayores, con un familiar cerca que ayuda con la conexión. La entrevista y la devolución también son por videollamada. Cómo funciona.
