Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:
La diferencia en una frase: el síndrome y su causa
Una comparación ayuda. «Dolor de cabeza» describe lo que la persona siente; «migraña» es una de las causas posibles de ese dolor, y hay otras. Con la demencia ocurre lo mismo: el término describe lo que se observa —la persona olvida, se desorienta, razona peor y ya no se maneja sola como antes— sin decir por qué.
Las causas de ese cuadro son varias. La enfermedad de Alzheimer es la más común: según la Organización Mundial de la Salud, podría estar detrás de entre un 60 % y un 70 % de los casos de demencia. El resto se reparte entre la demencia vascular, la demencia con cuerpos de Lewy, la demencia frontotemporal y otras menos frecuentes, y a menudo conviven dos causas en la misma persona.
Por eso, cuando a un familiar le dicen «tiene demencia», la pregunta siguiente siempre es: ¿de qué tipo? La respuesta cambia el tratamiento, lo que cabe esperar y cómo acompañarle.
¿De dónde viene «demencia senil» y por qué ya no se usa?
Durante mucho tiempo se pensó que perder la cabeza era una consecuencia natural de hacerse viejo. De ahí expresiones como «se puso senil» o «es la edad», y la distinción entre una demencia «senil», en los mayores, y una «presenil», en quienes empezaban antes de los 65 años.
Hoy se sabe que la mayoría de las personas mayores no desarrollan una demencia, y que cuando aparece se debe a una enfermedad, no a los años. Por eso los médicos han dejado de usar «demencia senil», por tres motivos:
- Normaliza lo que no es normal. Si la familia cree que «es la edad», puede tardar años en consultar y perder el tiempo en el que más se puede hacer.
- No dice la causa. Y sin causa no hay un plan adecuado.
- Carga un estigma. «Senil» se usa a menudo como burla, y pesa sobre la persona y su familia.
Los manuales actuales hablan de demencia (la CIE-11 de la OMS) o de trastorno neurocognitivo mayor (el DSM-5-TR), y siempre añaden la causa: «debido a enfermedad de Alzheimer», «vascular», etc. Si en un informe antiguo de su familiar aparece «demencia senil», lo razonable es preguntar al médico si se llegó a estudiar el tipo.
Qué tienen en común todas las demencias
Sea cual sea la causa, para hablar de demencia deben darse estas condiciones:
- Un declive respecto al nivel previo de la persona, no respecto a un ideal: importa lo que ha cambiado en ella.
- En una o más capacidades: memoria, lenguaje, atención, orientación en el espacio, planificación o conducta social.
- Suficiente para interferir en su autonomía: necesita ayuda con el dinero, la medicación, las compras o los trayectos que antes hacía sola.
- Que no se explique mejor por un estado de confusión agudo (por ejemplo, por una infección) ni por otro trastorno, como una depresión.
Cuando hay cambios medibles pero la persona sigue siendo independiente, no se habla de demencia sino de deterioro cognitivo leve, que no siempre avanza.
Los tipos más frecuentes, en pocas líneas
| Tipo | Lo que la familia suele notar primero | Cómo suele evolucionar |
|---|---|---|
| Alzheimer | Olvida lo reciente y lo repite: conversaciones, recados, dónde dejó las llaves | Poco a poco; después se suman el lenguaje, la orientación y la organización |
| Vascular | Lentitud para pensar, dificultad para organizarse, apatía | A veces por escalones, tras pequeños infartos; otras, de forma gradual |
| Cuerpos de Lewy | Días lúcidos y días muy confusos, visiones de personas o animales, rigidez o temblor | Con fluctuaciones marcadas de un día a otro |
| Frontotemporal | Cambios de conducta o de lenguaje, a menudo antes de los 65 años, con la memoria bastante conservada | Progresiva; se confunde con frecuencia con problemas psiquiátricos |
| Mixta | Rasgos de más de un tipo, sobre todo Alzheimer y vascular | Muy frecuente en edades avanzadas |
Hay otras causas menos comunes, como la demencia asociada a la enfermedad de Parkinson o la que sigue a un consumo prolongado de alcohol. La tabla describe patrones típicos; cada persona puede presentarlos de forma distinta.
Por qué importa ponerle nombre a la causa
- El tratamiento no es el mismo. Algunos fármacos útiles en un tipo no lo son en otro, y en la demencia con cuerpos de Lewy ciertos medicamentos pueden sentar especialmente mal. Esa elección la hace el médico, y necesita saber de qué tipo se trata.
- La prevención de nuevas lesiones. En la demencia vascular, el control de la tensión, la diabetes o el colesterol busca evitar daños nuevos.
- La forma de acompañar. Una familia que sabe que su padre tiene una demencia frontotemporal entiende que sus comentarios hirientes son un síntoma, no un desprecio; la que no lo sabe, discute y se desgasta.
- Lo que cabe esperar. El ritmo y los problemas que aparecen con el tiempo varían según la causa, y conocerlos permite planificar cuidados, gastos y decisiones legales con antelación.
- La información para la familia. En algunas formas poco frecuentes, sobre todo de inicio temprano, hay un componente hereditario que el médico puede valorar.
Y a veces, al estudiar la causa, aparece que no era una demencia: una depresión, un déficit de vitamina B12, un problema de tiroides o un medicamento pueden producir un cuadro parecido que mejora al tratarlo.
Cómo se llega a saber el tipo
Lo establece un médico, normalmente un neurólogo o un geriatra, reuniendo la historia que cuenta la familia, la exploración, los análisis, la imagen del cerebro y una evaluación neuropsicológica. Los pasos, uno a uno, están en cómo se diagnostica el Alzheimer.
La evaluación neuropsicológica aporta el perfil: qué capacidades están afectadas y de qué manera. No es lo mismo una memoria que no retiene lo nuevo que una memoria que guarda bien pero tarda en recuperar, ni una persona que olvida que una que ha perdido el tacto social. Ese patrón es una de las piezas con las que el médico distingue un tipo de otro. Se hace por videollamada, con un familiar cerca que ayuda con la conexión, y el informe escrito llega en 7 días, seguido de una sesión de devolución en la que pueden participar los hijos aunque vivan en otro país.
Las palabras en casa también importan
Cambiar «está senil» por «tiene una enfermedad que le afecta la memoria» no es un detalle de estilo. Ayuda a los nietos a entender por qué el abuelo repite las preguntas, evita que la persona se sienta ridiculizada y facilita pedir ayuda sin vergüenza. Con la propia persona, conviene hablar de lo que le cuesta y de lo que se va a hacer para ayudarle, más que de etiquetas.
Si todavía no hay diagnóstico y lo que tiene son dudas sobre unos olvidos recientes, empiece por las señales de alarma de demencia.
Preguntas frecuentes
¿Se puede tener demencia sin tener Alzheimer?
Sí. El Alzheimer es la causa más frecuente, pero no la única: la demencia vascular, la de cuerpos de Lewy y la frontotemporal son otras. Y hay cuadros que parecen una demencia y se deben a causas tratables, como la depresión o un déficit de vitamina B12.
¿Todas las personas muy mayores acaban teniendo demencia?
No. El riesgo aumenta con la edad, pero la mayoría de las personas mayores no desarrollan una demencia. Cierto enlentecimiento es normal; perder la autonomía por fallos de memoria o de juicio, no.
¿La demencia senil es hereditaria?
Tener un padre o una madre con demencia aumenta algo el riesgo, pero en la gran mayoría de los casos de edad avanzada no hay una herencia directa. Las formas hereditarias propiamente dichas son poco frecuentes y suelen empezar antes. Si le preocupa, coméntelo con su médico.
¿Qué quiere decir «demencia mixta»?
Que en la misma persona conviven dos causas, lo más a menudo una enfermedad de Alzheimer y lesiones vasculares. Es frecuente en edades avanzadas y explica perfiles con rasgos de los dos tipos.
A mi papá le dijeron hace años que tenía «demencia senil». ¿Conviene estudiarlo de nuevo?
Vale la pena preguntarle a su médico si se llegó a precisar la causa. Si no, una valoración médica y una evaluación neuropsicológica actualizada pueden aclarar el tipo y dar una referencia con la que seguir la evolución.
¿Cuánto cuesta la evaluación y se puede hacer online?
Sí, se hace por videollamada. El precio es cerrado: $670.000 COP (aprox. USD 200) la evaluación completa (4 sesiones de 1 hora), con entrevista, pruebas, informe escrito y sesión de devolución. Ver qué incluye.
¿Cuánto dura el proceso completo?
La evaluación completa son 4 sesiones de 1 hora, cada una en un día distinto, que usted elige en la agenda dentro de un plazo de 30 días desde la primera. El informe escrito llega 7 días después de la última sesión y se lo explicamos en una cita de entrega. Las fases, una a una.
