Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:
Tres preguntas antes de alarmarse
Todas las personas olvidan nombres, dejan las gafas en otro sitio o entran en la cocina sin recordar a qué iban. Ninguno de esos episodios, por sí solo, habla de una demencia. Lo que orienta a los médicos y a los neuropsicólogos es el patrón, y usted puede revisarlo con tres preguntas:
- ¿Es nuevo? Quizá su familiar siempre tuvo mala memoria para las fechas, o quizá esto empezó hace unos meses. Lo que importa es la diferencia con su propia forma de ser, no con la de otras personas.
- ¿Va a más? Un mal mes con mucho estrés no es lo mismo que una dificultad que se nota más en cada visita.
- ¿Le está quitando autonomía? Cuando los fallos obligan a otros a revisar sus cuentas, recordarle las pastillas o acompañarle a lugares a los que antes iba sin ayuda, la consulta ya no debería esperar.
Si responde que sí a las tres, no significa que haya una demencia: hay causas tratables que producen el mismo cuadro. Significa que conviene averiguarlo.
Diez señales, con ejemplos de la vida diaria
- Olvida lo que acaba de pasar y lo repite. Llama por la mañana para preguntar cuándo es el cumpleaños del nieto y por la noche lo pregunta de nuevo como si fuera la primera vez, o cuenta la misma anécdota dos veces durante una visita sin notarlo.
- Se enreda con lo que exige planificar. La receta que preparaba de memoria sale incompleta; las facturas quedan sin pagar o se pagan dos veces.
- Le cuestan tareas que dominaba. Ya no sabe usar el mando del televisor de siempre, o se pierde a mitad de un trámite que hacía cada mes.
- Se desorienta en el tiempo o en el espacio. Confunde a menudo el día o la estación del año, o no sabe cómo llegar a un lugar que frecuentaba.
- Cambia su forma de hablar. Se detiene buscando palabras corrientes y las sustituye por «eso» o «el aparato»; pierde el hilo cuando conversan varias personas.
- Guarda objetos en lugares extraños —las llaves en la nevera, la cartera en el horno— y no consigue reconstruir dónde los dejó. A veces acusa a otros de habérselos quitado.
- Toma decisiones que no encajan con su carácter. Entrega dinero a quien llama por teléfono con una historia urgente, descuida la higiene o sale abrigado en pleno calor.
- Se retira. Deja de ir a las reuniones familiares, al grupo o a la iglesia, y evita conversaciones en las que podría equivocarse.
- Cambia de carácter. Aparecen desconfianza, irritabilidad, ansiedad en sitios desconocidos o una apatía que antes no tenía.
- Calcula mal distancias y espacios. Tiene dificultad para estacionar, bajar escaleras o leer un reloj de agujas. Antes de interpretarlo, conviene descartar un problema de la vista.
Cuando lo primero no es la memoria
Muchas familias esperan olvidos, y por eso tardan en reconocer otros comienzos. En algunas demencias, lo primero que cambia es:
- La conducta. Comentarios fuera de lugar, pérdida de tacto con los demás, gastos impulsivos, desinterés por la familia o un cambio llamativo en lo que come. Cuando ocurre antes de los 65 años, se confunde con frecuencia con una depresión o con una crisis personal.
- El lenguaje. Hablar se vuelve lento y trabajoso, o la persona usa palabras que no son las correctas, mientras recuerda bien lo que le ocurre.
- La atención, de forma cambiante. Días lúcidos alternados con días de gran confusión, a veces con visiones de personas o animales que no están, o movimientos bruscos mientras duerme, como si viviera los sueños.
- La velocidad. Todo le lleva más tiempo, le cuesta organizarse y los cambios aparecen por etapas, sobre todo en personas con problemas de circulación.
Qué tipo de demencia sugiere cada patrón, y cómo se estudia, se explica en la evaluación de Alzheimer y demencias.
Cuándo no hay que esperar a una cita
Algunos cambios cognitivos son una urgencia médica y no una consulta programada:
- Confusión que aparece en horas o en pocos días. En personas mayores, una infección —con frecuencia urinaria—, la deshidratación o un medicamento nuevo pueden causar un estado de confusión aguda que requiere atención inmediata.
- Dificultad repentina para hablar, la cara que se desvía hacia un lado, pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, o pérdida brusca de visión: son señales de un posible ictus. Llame al número de emergencias de su país.
- Un golpe en la cabeza seguido, días o semanas después, de somnolencia, confusión o dolor de cabeza creciente, sobre todo si la persona toma anticoagulantes.
Qué hacer si lo nota en un familiar
- Anote ejemplos con fecha durante dos o tres semanas: qué ocurrió, dónde, si fue la primera vez. En la consulta, un ejemplo concreto vale más que un «está muy olvidadizo».
- Hable con la persona en un momento tranquilo, sin poner por delante la palabra demencia. Plantearlo como una revisión general de salud, o partir de algo que a ella misma le preocupe —el cansancio, el sueño, la audición—, suele funcionar mejor que enumerarle sus fallos.
- Empiece por el médico de cabecera o de familia. Puede revisar la medicación, pedir análisis de sangre —vitamina B12, tiroides, entre otros— y valorar la audición y la vista, que explican una parte de los casos que parecen deterioro.
- Pida la derivación a neurología o geriatría si los cambios persisten, y una evaluación neuropsicológica que mida qué funciones están afectadas y cuánto.
A la consulta conviene llevar la lista completa de medicamentos, incluidos los naturales y los de venta libre, sus notas y, si es posible, a un familiar que conviva con la persona o la vea con frecuencia.
Qué aporta una evaluación neuropsicológica
Esta guía sirve para reconocer las señales; la evaluación responde a la pregunta que dejan abiertas. Mide la memoria reciente —con y sin pistas—, el lenguaje, la atención, la organización y la orientación, valora el estado de ánimo, y compara los resultados con los de personas de la misma edad y escolaridad. Con eso se sabe si los cambios están dentro de lo esperable, si corresponden a un deterioro cognitivo leve o si van más allá, y el neurólogo recibe un perfil con el que completar su estudio.
Las sesiones son por videollamada: un familiar deja lista la conexión y se aparta mientras la persona responde. Si la familia vive repartida entre varios países, todos pueden seguir la entrevista y la explicación de los resultados. El informe escrito llega en 7 días y sirve de punto de referencia si más adelante hay que volver a medir.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad aparecen estas señales?
Son mucho más habituales a partir de los 65 años, y el riesgo crece con cada década. Cuando la enfermedad comienza antes de esa edad se habla de demencia de inicio temprano. En esas formas es más frecuente que en las tardías que lo primero no sea la memoria, sino la conducta, el lenguaje, la orientación o la capacidad de organizarse; la demencia frontotemporal, por ejemplo, aparece a menudo antes de esa edad.
Mi padre tuvo Alzheimer, ¿me pasará a mí?
Tener un familiar directo con Alzheimer aumenta el riesgo, pero no lo determina: la mayoría de los casos no se heredan de forma directa. Las formas hereditarias propiamente dichas son poco frecuentes y suelen comenzar a edades tempranas. Si le preocupa, hable con su médico; una evaluación le da además una referencia de su funcionamiento actual.
Mi familiar dice que está perfectamente y no quiere consultar
Es muy habitual: la persona afectada suele ser la última en percibir sus fallos. Suele ayudar que la propuesta venga de un médico de confianza, plantearla como un control de salud y centrarse en una preocupación concreta. Evite las discusiones sobre quién recuerda mejor lo ocurrido.
¿El estrés o la menopausia pueden parecer una demencia?
Sí. El estrés sostenido, dormir mal, la depresión y los cambios hormonales producen olvidos y dificultad para concentrarse, sobre todo entre los 40 y los 60 años. Lo explicamos en causas de los olvidos frecuentes y en niebla mental.
¿Sirve un test de memoria de internet para salir de dudas?
Puede orientar sobre si conviene consultar, pero no distingue un deterioro de un mal momento ni descarta otras causas. Vea la diferencia en test online o evaluación formal.
¿Cuánto cuesta la evaluación?
USD 210 fuera de Europa y 185 € en Europa, con entrevista, pruebas, informe escrito y sesión de devolución. Ver qué incluye.