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Guía para padres · Autismo

¿Cómo saber si mi hijo tiene autismo?

Ni un análisis de sangre ni un test de internet lo confirman. Se sospecha al observar cómo su hijo comparte la atención con usted, cómo se comunica y cómo juega, comparado con lo esperable para su edad; se aclara con una evaluación especializada, y el diagnóstico lo formaliza el médico. Si tiene la duda, no hace falta esperar a que «hable más»: muchas señales se ven desde el primer año y medio.

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Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:

La respuesta corta: no es una conducta, es un patrón

Muchas familias llegan preocupadas por un detalle suelto: pone los juguetes en fila, camina de puntillas, no tolera cierta ropa. Por separado, ninguna de esas conductas significa autismo, y muchos niños sin autismo hacen alguna. Lo que orienta es un patrón que se repite en dos áreas a la vez:

  • La comunicación social: cómo usa la mirada, los gestos y las palabras para compartir con otros, y no solo para pedir lo que necesita.
  • La flexibilidad: intereses muy intensos o muy estrechos, rutinas que no admiten cambios, movimientos repetitivos, reacciones fuera de lo común a sonidos, texturas, luces o sabores.

La pista más útil en los niños pequeños tiene nombre: atención conjunta. Es la capacidad de mirar lo mismo que otra persona para compartirlo: señalar un avión para que usted también lo vea, girarse hacia donde usted señala, traerle un juguete solo para enseñárselo. Cuando falta de forma sostenida, merece una consulta.

Señales según la edad

Alrededor del primer año

  • Sonríe poco cuando usted le sonríe o le habla.
  • No gira la cabeza al oír su nombre, aunque sí reacciona a otros sonidos.
  • Mira poco a la cara durante el juego o la comida, y no parece buscar que usted mire lo que le interesa.

De los 18 meses a los 3 años

  • Le toma la mano y la lleva hasta lo que quiere, en lugar de señalarlo o pedirlo mirándole.
  • Repite frases de dibujos animados o de canciones, pero le cuesta usar palabras propias para comunicarse.
  • Imita poco: no copia sus gestos ni juega a «hacer como si», por ejemplo dar de comer a un muñeco o hablar por un teléfono de juguete.
  • Se interesa poco por otros niños, o se acerca a ellos sin saber cómo entrar en el juego.
  • Reacciona con crisis muy intensas a cambios pequeños: otro camino, otro vaso, otro orden.

En la edad escolar

  • Habla largo y tendido de su tema favorito, pero la conversación de ida y vuelta se le hace cuesta arriba.
  • Toma las frases al pie de la letra: si le dicen «se me parte el alma», pregunta qué se ha roto.
  • Se entiende mejor con adultos o con niños mucho menores que con los de su curso.
  • Llega agotado del colegio y se derrumba en casa, aunque allí digan que «se porta perfecto».
  • Come muy pocos alimentos, no soporta las etiquetas de la ropa o se tapa los oídos ante ruidos que a otros no molestan.

En las niñas, y en los niños con buen lenguaje, las señales pueden ser discretas hasta la preadolescencia, cuando las relaciones sociales se vuelven más complejas. Lo tratamos en autismo en mujeres y niñas.

Señales que justifican consultar sin esperar

Las guías pediátricas señalan algunas situaciones en las que no conviene «esperar a ver»:

  • Al año, no balbucea ni usa gestos para comunicarse, como señalar o decir adiós con la mano.
  • A los 16 meses, todavía no dice ninguna palabra suelta.
  • A los 2 años, no une dos palabras por iniciativa propia, sin contar las frases que solo repite.
  • A cualquier edad, pierde palabras o habilidades sociales que ya tenía.

Ninguna de ellas es exclusiva del autismo —también aparecen en problemas de audición o del lenguaje—, y precisamente por eso piden una valoración pronto. Muchos pediatras aplican, entre los 16 y los 30 meses, un cuestionario de cribado que responden los padres, el M-CHAT-R/F. Un resultado de riesgo no es un diagnóstico, pero sí una razón clara para pedir una evaluación.

Qué conviene revisar antes o a la vez

  • La audición. Un niño que no responde a su nombre puede no estar oyendo bien. Una prueba de audición es el primer paso ante cualquier retraso del lenguaje.
  • Un retraso del lenguaje sin autismo. Hay niños que hablan tarde pero miran, señalan, imitan y buscan compartir. En ellos la dificultad está en el lenguaje, no en la comunicación social, y el camino de ayuda es otro.
  • El bilingüismo. Crecer con dos idiomas no causa autismo ni retraso. Si su hijo es bilingüe, lea niño bilingüe con retraso del lenguaje.
  • La timidez. Un niño tímido tarda en entrar en confianza, pero con las personas cercanas comparte, mira y juega con naturalidad.
  • Las pantallas. Mucho tiempo frente a una pantalla en los primeros años resta conversación y juego compartido, y eso se nota en el lenguaje. Reducirlas es buena idea siempre, pero no explica por sí solo un cuadro de autismo ni sustituye la consulta.
  • En edad escolar, el TDAH, la ansiedad social o una dificultad del lenguaje pueden parecerse al autismo y, a veces, coexistir con él.

Cuándo y con quién consultar

En cuanto la duda se mantenga unas semanas, coménteselo al pediatra y pida una evaluación del desarrollo. En la mayoría de los países el diagnóstico clínico del autismo lo formaliza un médico —neuropediatra, psiquiatra infantil o pediatra del desarrollo—, y la evaluación neuropsicológica aporta la base objetiva: cómo se comunica su hijo, cómo juega, cómo es su perfil cognitivo y de lenguaje, y qué otras explicaciones quedan descartadas.

Evaluamos desde los 2 años por videollamada. El niño trabaja con el evaluador acompañado de uno de sus padres, que participa en algunas actividades de observación siguiendo nuestras indicaciones. El formato funciona muy bien en niños con lenguaje y en edad escolar; si en un niño muy pequeño, o con necesidades de apoyo muy intensas, la pantalla no va a dar una respuesta fiable, se lo decimos en la primera conversación. El detalle de la evaluación está en evaluación del autismo en niños.

Mientras llega la evaluación

No hace falta un diagnóstico para empezar a ayudar. Siga los intereses de su hijo y juegue a lo que él juega; describa en voz alta, con frases cortas, lo que hacen juntos; haga pausas para darle la oportunidad de pedir o de responder; apague las pantallas que suenan de fondo. Si el lenguaje va con retraso, la valoración con un terapeuta del lenguaje —logopeda o fonoaudiólogo, según el país— puede empezar ya, sin esperar al resultado.

Preguntas frecuentes

Me mira a los ojos, ¿puede tener autismo?

Sí. El contacto visual es solo una de las señales, y muchos niños autistas miran a sus padres. Lo que se valora es si usa la mirada, junto con los gestos y las palabras, para compartir y para regular la interacción.

Habla muy bien, casi como un adulto. ¿Eso descarta el autismo?

No. Hay niños autistas con un vocabulario amplio y formal. En ellos la dificultad suele estar en el uso social del lenguaje: la conversación recíproca, respetar los turnos, entender lo que no se dice de forma explícita.

Alinea sus juguetes, ¿es autismo?

Por sí solo, no. Ordenar objetos es frecuente en la infancia. Solo cobra peso si va acompañado de dificultades en la comunicación social y de otros patrones rígidos.

¿A qué edad se puede diagnosticar?

Hacia los 2 años un diagnóstico ya puede ser fiable, y las primeras señales suelen notarse antes. En los niños con lenguaje fluido es frecuente que se identifique mucho más tarde, en primaria o incluso en la adolescencia.

¿Y si solo es un retraso del lenguaje?

Es una de las posibilidades que la evaluación estudia. La diferencia está en la comunicación sin palabras: un niño con retraso del lenguaje suele señalar, mirar, imitar y buscar compartir; en el autismo, esa comunicación también está afectada.

¿Cuánto cuesta la evaluación?

Precio cerrado: USD 210 fuera de Europa y 185 € en Europa. Incluye la entrevista, la observación, las pruebas, el informe escrito y la sesión de devolución. Ver el detalle.

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