Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:
Qué es y qué se puede esperar
La estimulación cognitiva consiste en mantener en uso, de forma regular y variada, la atención, la memoria, el lenguaje, la orientación y la capacidad de organizarse. En casa, la practica la familia o la propia persona, sin necesidad de materiales especiales.
Conviene tener expectativas realistas. En una persona mayor sana, llevar una vida mentalmente activa se asocia a conservar mejor sus capacidades y su autonomía, aunque buena parte de esa evidencia viene de estudios que observan a grupos de personas y no demuestran causa y efecto. Cuando ya hay un deterioro cognitivo leve, puede ayudar a sostener el día a día y el ánimo, con resultados todavía poco concluyentes en los estudios. Donde el respaldo es más sólido es en la demencia leve o moderada: los programas estructurados, con actividades temáticas y en grupo, mejoran de forma modesta la cognición y la calidad de vida. Lo que ninguna actividad ha demostrado es frenar el avance del Alzheimer o de otra enfermedad neurodegenerativa.
Tampoco es lo mismo que la rehabilitación neuropsicológica, que es un tratamiento profesional diseñado a partir de una evaluación, con objetivos concretos, por ejemplo después de un ictus.
Aplicaciones de entrenamiento cerebral: lo que se sabe
Las aplicaciones de entrenamiento cerebral prometen mucho, y los estudios les dan algo menos. El límite está en lo que los investigadores llaman transferencia: la práctica mejora sobre todo la tarea practicada. Quien pasa semanas memorizando secuencias de colores termina recordando mejor secuencias de colores, sin que por eso le resulte más fácil acordarse de una cita o seguir una conversación.
Si su familiar quiere usar la tableta o el teléfono, sáquele más partido aprendiendo algo con ellos: hacer videollamadas con los nietos, buscar recetas, practicar un idioma, organizar sus fotos. Eso le exige comprender, planificar y recordar a la vez, que es justo lo que pide la vida diaria.
Ideas de actividades, según la función que se quiere mantener
Memoria
Ordenar un álbum y rotular cada foto con la fecha y los nombres, contarle por teléfono a un nieto lo que hizo durante el día, intentar recordar la lista de la compra antes de mirarla, repasar por la noche la jornada.
Atención y organización
Preparar un plato nuevo leyendo la receta, organizar una comida familiar —invitados, compras, horarios—, llevar las cuentas de la semana, jugar a las cartas, al dominó, al ajedrez o a cualquier juego de mesa que exija estrategia.
Lenguaje
Leer el periódico y comentarlo, escribir mensajes o cartas a la familia, hacer crucigramas si le gustan, cantar canciones conocidas, explicar a los nietos cómo se hacía algo antes.
Orientación y capacidades visoespaciales
Rompecabezas, jardinería, manualidades, dibujar, caminar por rutas nuevas con un mapa, ordenar un armario siguiendo un criterio.
Novedad
Aprender algo que no se sabía —unas palabras de otro idioma, un instrumento, una receta distinta, el uso de una función nueva del teléfono— exige más al cerebro que repetir lo que ya se domina.
Lo que no es un ejercicio, pero también cuenta
Las revisiones internacionales sobre prevención de la demencia señalan una serie de factores de riesgo modificables. Traducidos a tareas concretas para la familia, son estos:
- Moverse todos los días, aunque sea con paseos cortos.
- Revisar la audición y la vista y usar de verdad los audífonos y las gafas que se le indiquen: la pérdida auditiva sin corregir es uno de los factores con más peso.
- Mantener el contacto con otras personas, porque el aislamiento es un factor de riesgo en sí mismo.
- Mantener bajo control la tensión arterial, la diabetes, el colesterol y el peso, y dejar el tabaco y el exceso de alcohol.
- Tratar la depresión si la hay, y prevenir caídas y golpes en la cabeza.
Aparte de esa lista, el sueño merece atención por otra razón: dormir mal, por ejemplo por apneas, es una causa tratable de fallos de atención y de memoria. Si su familiar ronca fuerte o hace pausas al respirar mientras duerme, coménteselo al médico.
Reglas para que funcione
- Ratos cortos y frecuentes. Mejor un rato breve casi todos los días que una sesión larga de vez en cuando.
- A la hora de más energía, que en muchas personas mayores es por la mañana.
- Un reto a su medida. La persona debería acertar la mayoría de las veces. Si se frustra, baje el nivel; si se aburre, súbalo.
- Sin examinar. «¿Te acuerdas de…?» suena a prueba. Funciona mejor compartir: «Yo recuerdo que aquel verano fuimos a…», y dejar que la persona complete.
- Trato de adulto. Nada de fichas infantiles: las actividades deben corresponder a sus intereses y a su historia.
- Apoyos a la vista. Una pizarra en la cocina con el plan del día o una libreta junto al teléfono le ahorran esfuerzo para lo que de verdad importa.
- Valorar la participación más que el resultado.
Si ya hay deterioro, cómo adaptarlo
En el deterioro leve, mantenga las actividades exigentes que la persona todavía disfruta y añada ayudas externas: un cuaderno donde anote citas y recados, recordatorios en el teléfono, una bandeja junto a la puerta para lo que se lleva al salir. El objetivo es que siga haciendo por sí misma todo lo que pueda.
En una demencia más avanzada, simplifique: una instrucción cada vez, tareas cortas, y actividades de la vida diaria como poner la mesa, doblar la ropa o regar las plantas, que estimulan y dan sensación de utilidad. Una técnica útil es el aprendizaje sin errores: dar la respuesta o la pista antes de que se equivoque, para no reforzar el error ni la frustración. La música conocida suele despertar recuerdos y ánimo cuando otras vías ya cuestan.
Si una actividad provoca agitación o tristeza, déjela: en esta etapa, el bienestar es el objetivo.
Cuándo consultar antes, o además
La estimulación en casa no sustituye a una valoración cuando algo ha cambiado. Consulte si los olvidos son nuevos y van a más —repase las señales de alarma de demencia—, si ha habido un ictus o un golpe en la cabeza, o si las actividades le cuestan a la persona mucho más de lo que esperaba.
Una evaluación neuropsicológica muestra qué capacidades han cambiado y cuáles siguen firmes, y con eso la estimulación deja de ser genérica: el informe, que llega en 7 días, incluye recomendaciones concretas para la familia. Las sesiones son por videollamada y un familiar se ocupa de la conexión. Si ya hay un diagnóstico, vea también Alzheimer y demencias.
Preguntas frecuentes
¿Las sopas de letras y los crucigramas previenen el Alzheimer?
No hay pruebas de que un pasatiempo concreto lo prevenga. Mantener una vida mentalmente activa se asocia a un menor riesgo, junto con el ejercicio, la vida social y la salud cardiovascular. Si a la persona le gustan, son una buena actividad más.
¿Cuánto tiempo al día hay que dedicarle?
No hay una cifra única. Importa más la regularidad que la duración: ratos breves, casi a diario, integrados en la rutina.
¿Y si la persona no quiere participar?
Pregúntele qué le gustaría seguir haciendo sin ayuda y parta de ahí: una meta propia, como llevar sus cuentas o manejar el teléfono para hablar con la familia, se acepta mejor que un plan decidido por otros. Si el rechazo es nuevo y viene con desgana general, pérdida de interés o tristeza, puede tratarse de un ánimo bajo, que merece una consulta.
¿La estimulación cognitiva sirve también para niños?
En los niños, el juego, la lectura compartida, la conversación y los juegos de mesa ya cumplen esa función, sin necesidad de programas especiales. Si hay dificultades de atención, de lenguaje o de aprendizaje, lo indicado es una evaluación infantil que diga qué trabajar.
¿Hace falta una evaluación antes de empezar?
Para una persona sana, no. Si hay cambios que preocupan o un diagnóstico, sí conviene: sin saber qué funciones están afectadas, se trabaja a ciegas y se puede frustrar a la persona con tareas que ya no puede hacer.
¿Cuánto cuesta la evaluación?
USD 210 fuera de Europa y 185 € en Europa, con entrevista, pruebas, informe escrito con recomendaciones y sesión de devolución. Ver el detalle.