Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:
Primero la causa, después el tratamiento
La memoria no es un músculo aislado al que se le pueda dar un refuerzo. Depende de que usted preste atención cuando recibe la información, de que el cerebro la guarde durante el sueño y de que pueda recuperarla cuando la necesita. Cualquiera de esos pasos puede fallar por motivos muy distintos, y cada motivo pide una respuesta distinta.
Piense en dos personas que dicen lo mismo, «se me olvida todo». La primera duerme cinco horas desde hace meses porque cuida de un bebé: ninguna cápsula le devolverá la memoria, pero dormir sí. La segunda toma desde hace años un medicamento para la acidez y tiene la vitamina B12 baja sin saberlo: en su caso, corregir esa carencia, con la pauta que indique su médico, sí puede marcar una diferencia. Tomar «algo para la memoria» sin distinguir entre ambas situaciones es disparar a ciegas.
Hay además un riesgo menos evidente: sentir que ya está haciendo algo puede retrasar la consulta. Si detrás de los olvidos hay una causa que conviene tratar pronto, esas semanas o meses cuentan.
Causas tratables que su médico puede revisar
Estas son las causas de problemas de memoria que con más frecuencia tienen solución. Varias se descartan con una consulta y, si el médico lo considera oportuno, un análisis de sangre:
- Déficit de vitamina B12. Es más habitual en personas mayores, en quienes siguen una dieta vegetariana estricta o vegana sin suplementar y en quienes toman durante años algunos medicamentos para la acidez del estómago o para la diabetes. Además de olvidos puede dar cansancio, hormigueos en pies y manos o anemia.
- La tiroides. Una tiroides poco activa enlentece el pensamiento, quita energía y da sensación de niebla. Se comprueba con un análisis sencillo.
- Los medicamentos. Algunos somníferos y tranquilizantes, los antialérgicos que dan sueño, ciertos fármacos para la vejiga, para el dolor intenso o para el mareo pueden empeorar la memoria, sobre todo en personas mayores o cuando se combinan varios. No suspenda ninguno por su cuenta: su médico puede valorar si hay alternativas.
- El sueño. Dormir poco, el insomnio o la apnea del sueño —ronquidos fuertes, pausas al respirar, despertarse cansado— afectan directamente a la capacidad de fijar lo aprendido.
- El estado de ánimo. La depresión y la ansiedad ocupan la atención y restan energía para recordar. Es tan frecuente que le dedicamos una guía: depresión, memoria y concentración.
- La audición. Lo que se oye a medias se registra a medias. Una pérdida auditiva que avanza poco a poco se confunde con despiste, y corregirla ayuda también a mantenerse en las conversaciones.
- El alcohol. Beber a menudo, aunque no sea en exceso cada día, afecta la memoria y el sueño.
Es habitual encontrar más de una causa a la vez. Si quiere saber qué indica cada tipo de olvido, la guía de olvidos frecuentes lo explica con ejemplos.
Vitaminas, suplementos y pastillas: lo que dice la evidencia
En farmacias, tiendas naturistas e internet abundan los productos que prometen mejorar la memoria o la concentración. Estos son los puntos que conviene tener claros antes de gastar dinero en ellos:
- Si hay una carencia, corregirla tiene sentido. La vitamina B12 es el ejemplo más claro. Pero la carencia hay que comprobarla, y la forma y la duración del tratamiento las decide el médico según la causa.
- Si no hay carencia, la evidencia es limitada. Los extractos de plantas, los aceites de pescado y los complejos vitamínicos que se anuncian para la memoria se han estudiado, y en personas sin déficit los resultados han sido, en conjunto, modestos o inconsistentes. La Organización Mundial de la Salud, en sus recomendaciones de 2019 para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, no aconseja las vitaminas B y E, los ácidos grasos omega-3 ni los complejos multivitamínicos con ese fin.
- Natural no significa inocuo. Algunos productos de herbolario interaccionan con anticoagulantes, antidepresivos u otros medicamentos. Dígale siempre a su médico todo lo que toma, también lo que compró sin receta.
- Los suplementos suelen tener controles menos exigentes que los medicamentos. En muchos países pueden venderse sin haber demostrado eficacia, y la etiqueta no siempre refleja con exactitud lo que contienen.
- Los fármacos que se usan en algunas demencias los indica un especialista tras un diagnóstico. No están pensados para los olvidos cotidianos ni mejoran la memoria de una persona sana.
Ningún suplemento sustituye el estudio de la causa. Si decide tomar alguno, hágalo después de haber consultado y con el conocimiento de su médico, no en lugar de consultar.
Lo que sí tiene respaldo, sin promesas
Hay hábitos con un respaldo general mucho mayor que el de cualquier suplemento; varios de ellos figuran en esas mismas recomendaciones de la OMS. No actúan como una pastilla ni garantizan nada, pero protegen la salud cerebral en general y a menudo mejoran la sensación de claridad mental:
- Dormir lo suficiente y con regularidad. Durante el sueño se consolida lo aprendido. Si ronca o se despierta cansado, coméntelo con su médico.
- Moverse. La actividad física regular, adaptada a su edad y su salud, es una de las medidas con mejor respaldo.
- Mantener la mente ocupada en tareas que le exijan. Aprender algo nuevo, leer, un instrumento, un idioma, un trabajo o un voluntariado con retos. Las actividades de estimulación cognitiva pueden ayudar si se eligen con sentido.
- Mantener el contacto con otras personas. Conversar, participar, salir de casa. El aislamiento pesa sobre el ánimo y sobre la memoria.
- Cuidar la tensión arterial, el azúcar y el colesterol, no fumar y moderar el alcohol. Lo que es bueno para el corazón lo es también para el cerebro.
- Revisar la vista y el oído y usar la corrección que haga falta.
Mientras tanto, las ayudas externas —un lugar fijo para las llaves, alarmas en el teléfono, una agenda— no debilitan la memoria: liberan atención para lo importante.
Cómo preparar la consulta con su médico
Una consulta bien preparada rinde mucho más. Antes de ir, reúna lo siguiente:
- La lista completa de lo que toma: medicamentos con su dosis, gotas, pomadas, suplementos y productos naturales.
- Ejemplos concretos de olvidos, anotados durante dos semanas: qué olvidó, en qué situación, cómo había dormido.
- Desde cuándo le ocurre y si empezó con algún cambio: un medicamento nuevo, una hospitalización, una pérdida, una etapa de estrés.
- Cómo duerme y cómo está su ánimo, dicho con franqueza.
- La opinión de alguien cercano, si es posible: a menudo nota patrones que uno no ve.
Con esa información, su médico decidirá qué análisis pedir y si conviene una evaluación de la memoria.
Acuda a urgencias de inmediato si la memoria o el lenguaje fallan de forma brusca, o si aparece confusión súbita, debilidad en un lado del cuerpo o dificultad para hablar. No son situaciones para esperar.
Cuándo conviene una evaluación de la memoria
Tiene sentido pedirla cuando los olvidos siguen ahí después de haber revisado con su médico el sueño, el ánimo, los medicamentos y los análisis; cuando van a más de un mes a otro; cuando su familia se lo hace notar; o cuando necesita saber con datos si lo que le ocurre es esperable para su edad.
La evaluación responde a la pregunta que ningún suplemento puede responder: qué falla exactamente. Las pruebas separan si el problema está en la atención al registrar, en la capacidad de guardar la información o en la de recuperarla, y se completan con el lenguaje, las funciones ejecutivas, el ánimo y el sueño. Si lo que no recordaba de forma espontánea aparece al darle una pista, la información estaba guardada; si no aparece ni así, conviene estudiar otras causas con el neurólogo.
Todo se hace por videollamada, con un computador u ordenador con cámara y micrófono. En personas mayores, las sesiones son cortas y un familiar cerca ayuda con la conexión. Recibe un informe escrito en 7 días desde la última sesión de pruebas y una sesión de devolución en la que se le explica qué hacer: ajustar el sueño, tratar el ánimo, pedir un análisis o continuar el estudio con su médico. El recorrido completo está en evaluación de la memoria.
Preguntas frecuentes
¿Hay alguna vitamina que mejore la memoria?
Solo si falta. Cuando hay un déficit, sobre todo de vitamina B12, corregirlo puede mejorar la memoria y la energía. Si los niveles son normales, tomar más no ha demostrado mejorarla. Por eso conviene medir antes de tomar, y que sea su médico quien decida.
¿Sirven las pastillas para la memoria que venden sin receta?
La evidencia sobre estos productos es limitada y, en personas sin carencias, sus efectos han sido modestos o nulos en los estudios. Algunos interaccionan con otros medicamentos. Antes de tomarlos, consulte a su médico y, sobre todo, averigüe por qué olvida.
¿Qué análisis se piden por problemas de memoria?
Lo decide su médico según su historia. Es habitual que valore la vitamina B12, la función tiroidea y un hemograma, porque son causas tratables. Según el caso puede añadir otras pruebas o derivarle al neurólogo.
¿A qué médico acudo por los olvidos?
El primer paso suele ser su médico de cabecera o de familia, que revisa medicamentos, sueño, ánimo y análisis. Si los olvidos persisten o avanzan, puede derivarle al neurólogo o al geriatra, y pedir una evaluación neuropsicológica que mida la memoria. Lo explicamos en qué especialista ve la memoria.
¿Los olvidos pueden ser por estrés o por el teléfono?
Muy a menudo. El estrés sostenido y la atención dividida entre varias pantallas hacen que la información no llegue a registrarse. En ese caso no falla la memoria, sino la atención al recibir el dato, y mejora al reducir la carga y dormir mejor.
¿Cuánto cuesta una evaluación de memoria y cómo se hace?
Se hace por videollamada y tiene un precio cerrado: $670.000 COP (aprox. USD 200). Incluye la entrevista, las pruebas, el informe escrito en 7 días y la sesión de devolución. Ver el detalle.
¿Cuánto dura el proceso completo?
La evaluación completa son 4 sesiones de 1 hora, cada una en un día distinto, que usted elige en la agenda dentro de un plazo de 30 días desde la primera. El informe escrito llega 7 días después de la última sesión y se lo explicamos en una cita de entrega. Las fases, una a una.
¿Cómo es la evaluación por videollamada?
Se hace desde casa, con un computador u ordenador con cámara y micrófono, en una habitación tranquila. El evaluador aplica las pruebas en directo; los niños las hacen acompañados de uno de sus padres o del adulto a su cargo, y las personas mayores, con un familiar cerca que ayuda con la conexión. La entrevista y la devolución también son por videollamada. Cómo funciona.
