Escrito y revisado por Dr. Esteban Giraldo Casas, neuropsicólogo clínicoÚltima revisión:
La respuesta corta: cuatro preguntas
Todos los niños se distraen y actúan sin pensar alguna vez. Lo que orienta hacia un TDAH es cuánto, dónde, desde cuándo y con qué consecuencias. Hágase estas cuatro preguntas; son, en lenguaje de casa, las que se plantea un clínico con los criterios del DSM-5-TR:
- ¿Es más que en otros niños de su edad? La comparación se hace con niños de la misma edad, no con un adulto ni con un hermano especialmente tranquilo.
- ¿Lleva al menos seis meses? Unas semanas difíciles después de una mudanza, el nacimiento de un hermano o un cambio de colegio suelen tener otra explicación.
- ¿Se ve en más de un lugar? Si solo ocurre en casa, o solo con un profesor, lo más probable es que la causa esté en ese entorno. En el TDAH las dificultades aparecen en dos o más: la casa, el colegio, las actividades, las reuniones familiares.
- ¿Le está costando algo real? Notas que no reflejan lo que sabe, regaños constantes, amigos que se alejan, una autoestima que baja. Sin un impacto claro, la inquietud puede ser parte de su temperamento.
Hay un quinto criterio que se comprueba en la entrevista: varias de estas dificultades tienen que haber aparecido antes de los 12 años. Si responde «sí» a las cuatro preguntas, tiene sentido consultar. Si responde «no» a alguna, eso no descarta nada, pero indica que conviene revisar primero otras causas.
Cómo se ve en el día a día, según la edad
De 4 a 6 años
Pasa de un juguete a otro sin terminar ninguno, cruza la calle corriendo sin mirar, se sube a todo aunque ya se haya hecho daño, no logra esperar su turno en un juego y en preescolar comentan que interrumpe la ronda o la actividad. A estas edades las diferencias entre niños son muy amplias y parte de lo que preocupa se resuelve con la maduración; por eso se habla de señales, no de diagnóstico, y la evaluación formal de la atención suele esperar a los 6 años.
De 6 a 12 años
La tarea escolar que a sus compañeros les lleva un rato a él le ocupa la tarde, con usted sentado al lado. Olvida la agenda, el suéter y lo que tenía que estudiar. En los exámenes lee media pregunta y contesta; sabe la materia, pero falla por descuido. Se levanta del puesto, juega con el lápiz, habla cuando no le toca. Que pase horas concentrado en un videojuego no descarta el diagnóstico: lo que cuesta en el TDAH es sostener la atención en lo que no estimula por sí mismo.
De 12 a 17 años
La inquietud visible suele dar paso a una sensación interna de no poder parar, y lo que más se nota es la desorganización: trabajos entregados a última hora, estudiar la noche antes, perder el teléfono, las llaves o el uniforme de deporte. Las notas caen aunque sea capaz, y la impulsividad empieza a pesar en decisiones serias: la conducción, el consumo de sustancias, las relaciones.
En las niñas, y en general en los niños que no molestan en clase, predomina la falta de atención sin hiperactividad: se quedan mirando por la ventana, parecen soñar despiertos y pasan años con la etiqueta de «distraídos». Lo explicamos en TDAH en mujeres y niñas.
Lo que conviene descartar antes de pensar en TDAH
Varias situaciones producen las mismas señales, y algunas se revisan con el pediatra antes de cualquier evaluación especializada:
- El sueño. Un niño que duerme poco o mal no se ve somnoliento: se vuelve inquieto, irritable y distraído. Los ronquidos fuertes o acostarse tarde con pantallas son lo primero que hay que mirar.
- La vista y el oído. Si no ve bien la pizarra o no oye con claridad al profesor, desconecta. Revisarlas es sencillo y evita confusiones.
- La ansiedad o la tristeza. Una separación, un duelo, el acoso escolar o la tensión en casa pueden parecer TDAH durante meses.
- Una dificultad para leer o para las matemáticas. Cuando la tarea le resulta agotadora, cualquier niño se distrae. Además, la dislexia y el TDAH coinciden a menudo.
- Un idioma que todavía no domina. Si su familia se mudó a otro país y las clases son en otra lengua, parte de la distracción puede ser, sencillamente, que no entiende todo lo que se dice.
- El aburrimiento de quien va por delante. Un niño con altas capacidades puede desconectarse en una clase que le resulta lenta. Vea las señales de altas capacidades.
Descartar no obliga a elegir una sola explicación: un niño puede tener TDAH y, además, dormir mal o estar ansioso. Por eso la evaluación mira el conjunto.
Qué puede hacer desde hoy
- Anote ejemplos concretos durante dos o tres semanas: qué pasó, dónde y a qué hora. «Tardó una hora y media en diez sumas» dice mucho más que «es muy distraído».
- Pida al colegio su observación por escrito: en qué clases ocurre, si termina las tareas, cómo se relaciona en el recreo, si otros profesores ven lo mismo.
- Ordene el sueño y las pantallas nocturnas durante unas semanas y observe si cambia algo.
- Consulte al pediatra para revisar la visión, la audición y la salud general.
- Responda el informe preliminar gratuito: tarda unos minutos, ordena por áreas lo que usted observa y le orienta sobre si conviene evaluar.
Mientras tanto, evite etiquetas como «eres un desastre»: lo que necesita oír es que van a averiguar juntos qué le pasa.
Cuándo pedir una evaluación
Tiene sentido pedirla cuando las señales se mantienen después de haber revisado el sueño, la salud y la situación en casa; cuando el colegio repite lo mismo curso tras curso; cuando su hijo empieza a decir que es tonto o que no sirve para estudiar; o cuando un médico plantea un tratamiento y usted quiere una base objetiva antes de decidir.
Desde los 6 años se puede evaluar la atención de forma completa; antes, lo indicado es una evaluación del desarrollo. Si la pregunta es sobre usted mismo, lea cómo saber si tengo TDAH.
Qué añade la evaluación a los cuestionarios
Un cuestionario recoge lo que los adultos perciben. La evaluación neuropsicológica mide la atención de su hijo mientras trabaja —cuánto la sostiene, cuántos errores comete por precipitarse, cómo rinde a medida que se cansa—, junto con su memoria de trabajo y su control de la respuesta, y revisa las demás explicaciones posibles.
Su hijo trabaja por videollamada con el evaluador, en sesiones cortas, acompañado de uno de sus padres o del adulto que lo tiene a cargo. El informe escrito les llega en 7 días, y después lo repasamos con ustedes en una sesión. Quien formaliza el diagnóstico clínico del TDAH es, en la mayoría de los países, un médico —psiquiatra infantil, neuropediatra o pediatra del desarrollo—, y el informe le aporta la medición en la que apoyarse. El proceso completo está en evaluación del TDAH en niños.
Preguntas frecuentes
¿Existe un test para saber si mi hijo tiene TDAH?
No uno solo. Los cuestionarios ayudan a decidir si consultar; el diagnóstico se apoya en la entrevista, el colegio, pruebas de rendimiento y el descarte de otras causas. Lo explicamos en test online o evaluación formal.
Se concentra horas con los videojuegos, ¿puede tener TDAH?
Sí. Las pantallas dan estímulo y recompensa inmediatos, y ahí muchos niños con TDAH se concentran sin esfuerzo. La dificultad aparece con las tareas que no enganchan por sí solas, como estudiar, leer un texto largo o terminar una ficha.
Si lo diagnostican, ¿tendrá que tomar medicación?
No necesariamente. La decisión corresponde al médico junto con la familia, según la edad, la intensidad y el impacto. En los más pequeños, las guías clínicas suelen empezar por el trabajo con los padres y el colegio. Lo que ayuda en cualquier caso es entender bien el perfil de su hijo.
Ya lo evaluaron hace poco, ¿conviene repetir?
La reevaluación de un niño suele dejarse para cerca de un año después de la anterior, para que las pruebas vuelvan a ser informativas. Si tiene un informe reciente y dudas sobre él, compártalo en la primera conversación y le diremos qué conviene hacer.
¿Cuánto cuesta la evaluación?
Es un importe único: USD 210 si su familia vive fuera de Europa o 185 € si vive en un país europeo. Cubre la entrevista, las sesiones de pruebas con el niño, el informe escrito y la reunión en la que se lo explicamos. Ver qué incluye.